domingo, 18 de noviembre de 2018

SOLIDARIDAD MEDIÁTICA

SOLIDARIDAD MEDIÁTICA


De vez en cuando nos llegan noticias en los medios sobre inauguraciones de servicios, nuevas instalaciones,  dotación de materiales  y máquinas de última generación  en los centros hospitalarios públicos.

Siempre es una alegría constatar avances en los servicios sanitarios y un alivio en esta época de recortes y dificultades económicas. Pero entre tanto fasto y alabanzas, noticias en los medios, entrevistas y difusión en radios y cadenas de televisión se asoman  algunas sombras que me tienen preocupada y también indignada.

Preocupada porque la noticia principal no es que la sanidad pública ha conseguido este avance o esta prestación para los ciudadanos, la noticia es que la fundación Patatí o la fundación Patatá ha financiado este servicio que a partir de este momento se llama Servicio Patatí o Servicio Patatá a mayor gloria  de la fundación correspondiente.

Yo que pago mis impuestos y que imagino que con parte de ese dinero financio alguna loseta de ese hospital o  la millonésima parte del salario de alguno de los profesionales que trabajan en él,  me pregunto cuándo van a poner la placa con el nombre de los contribuyentes que financiamos  las obras en los hospitales, los salarios de los profesionales, la tecnología que utilizan, incluso la poquita investigación que se lleva a cabo, en algún lugar visible: “Financiado por los contribuyentes que pagan sus impuestos”.  
Porque la impresión que dan estos generosos mecenas es que sin ellos no habría atención, cuidados, investigación y ni siquiera sanidad y generan en la sociedad la falsa idea de que sólo con sus aportaciones el sistema sigue adelante.  Pero esto no es así,  sus aportaciones son bienvenidas y ayudan a mejorar la atención, pero son una pequeñísima parte del coste de una sanidad que financiamos y mantenemos todos los ciudadanos españoles que contribuimos con nuestros impuestos y que ha sido y es, aunque algunos les moleste,  un buen sistema de atención sanitaria aunque mejorable.

Hasta aquí mi preocupación, pero ahora viene mi indignación, porque estos mecenas no son generosos porque si, sólo lo son con aquello que les conviene y financian, no lo que el sistema necesita, sino aquello que les interesa  por su repercusión mediática o por imperativo de los fines de su fundación. Esto lleva a donaciones  bien empleadas pero también a despilfarros  y despropósitos como remodelar un servicio varias veces, mientras otros en el mismo centro necesitan obras urgentes, realizar obras e instalaciones que no pueden ser usadas o solo muy limitadamente, instalar aparatos que necesitan de un personal y un mantenimiento que nadie va a financiar, etc.
Es verdad que esto no es culpa de las fundaciones sino de una ley de mecenazgo que deja potestad al donante para decidir en qué se invierte su donación aunque sea algo peregrino e innecesario. A mi entender el sistema de donaciones debería potenciarse pero garantizando que el destino de la financiación esté supeditado a los objetivos y planificación del centro o del proyecto al que vaya destinado.

Todo lo dicho hasta el momento es sencillo de entender y de corregir, entonces ¿por qué no se hace? ¿por qué una fundación no prioriza lo necesario y urgente a la hora de ofrecer su donación a una institución?, ¿por qué señala en qué quiere que se emplee? Podemos pensar en varias razones, podemos pensar que quiere garantizar el buen uso de su donación y que no se utilice en gastos innecesarios o poco transparentes, y será así en muchos casos. Pero la experiencia de estos últimos años nos muestra que la razón fundamental es conseguir la mayor difusión y repercusión mediática ya que está publicidad gratuita repercute directamente en sus arcas que se nutren fundamentalmente del dinero de los donantes que son los mismos que siguen financiando por otra vía, la de los impuestos, la sanidad pública.

Lamentablemente  este discurso no va a ningún sitio  y la situación que presenta no es fácil de denunciar.  En el mundo de las organizaciones es un secreto a voces que se comenta en privado  pero nunca en voz alta porque ataca a la gallina de los huevos de oro, a esa población solidaria y generosa que aporta su dinero a causas que le parecen justas y necesarias sin darse cuenta en muchas ocasiones de que es utilizada para mantener estructuras organizativas innecesarias que venden proyectos como forma de seguir manteniéndose. 

  
       

sábado, 13 de octubre de 2018

SER ABUELA Y ABUELO

Hace algo más de un año que he pasado a formar parte de esa parte de la humanidad  que formamos las abuelas y los abuelos. 
La verdad es que no me siento diferente a como era antes, pienso lo mismo, opino lo mismo, hago las mismas actividades que antes, no me ha entrado afición por las labores de aguja, sigo siendo trasnochadora y poco casera,... pero hay algo nuevo que no estaba ahí hace solo unos meses.

Yo lo siento como una presión en el pecho que se manifiesta  cuando veo a mi nieta, o cuando pienso en ella. Es una sensación física, es como si el corazón se hiciera más grande y ocupase todo el tórax hasta parecer que no te cabe en el pecho. Tiene un punto doloroso  porque a veces siento que me cuesta respirar.
Con el tiempo voy aprendiendo a reconocerlo y a aceptarlo aunque siempre me sorprendo porque me coge desprevenida y tardo un poco en serenarme. La abrazo con mas fuerza de la debida, me esfuerzo en prestar atención a otras personas, especialmente a otros niños si están presentes, me mantengo un poco distante como si el espacio pudiera librarme de su influjo. Sobre todo aparento para los demás y para mi misma que estoy tranquila, que su presencia no me traspasa y emociona. 

Todo ha sido un poco distinto a como la viví en el embarazo cuando aún era un ser protegido en el vientre de su madre. Escribí entonces algunas de las emociones que me alcanzaron sin saber que solo era el comienzo de algo mas grande que crece cada día.

Ser abuela y abuelo 

Temblar
La primera sensación fue un temblor en el pecho el día que me comunicaron que pronto llegaría un nuevo ser a la familia. Alegría, esperanza, expectación y también respeto para permanecer siempre en un segundo plano, para dejar que tus hijos vivan la experiencia como lo que son, protagonistas de lo que va  a suceder y padres de la nueva criatura. 

Soñar
Comenzar a imaginar cómo será, qué podremos vivir, cuántas experiencias realizaremos juntas, qué podré decirle, enseñarle, mostrarle, para que se adentre en este mundo con emoción y entusiasmo. Qué podrá decirme, enseñarme, mostrarme que me permita descubrir este mundo con ojos nuevos como recién estrenados.

Amar
A nuestros hijos y a sus hijos porque en realidad a través de unos amamos a los otros. Amor que se prolonga, se continua en el tiempo, igual y distinto porque el amor genera más amor. Sentir una mirada que te envuelve, enternecerte cunado tu hijo mira su hijo, descubrir la primera sonrisa, el primer gesto de reconocimiento, la primera caricia y sentir que ahora eres mas consciente que entonces, mas vulnerable, que ahora conoces el valor de cada gesto, sin prisas, sin expectativas, disfrutando del presente e ignorando un futuro que solo a ellos les pertenece.  
   

jueves, 13 de septiembre de 2018

A VUELTA CON LAS BATALLAS


Otra vez  con las batallas, las luchas, las guerras,  los héroes  y las heroínas, los valientes, los guerreros, las guerreras  y toda la jerga que rodea a los enfermos de cáncer y si son niños o adolescentes más.

Ya se que no lo hacen con mala intención y resulta muy socorrido a la hora de escribir, mensajes trascendentes, de esos tan bonitos que nos envían cada poco en las redes y que llega un momento en que te inducen a vomitar porque ya no puedes con tanto azúcar, ñoñería y pamplinas.

Pues no, los enfermos de cáncer no son héroes por la sencilla razón de que un héroe es aquel que puede elegir entre varias opciones y consideramos heroica su actuación porque elige lo difícil, lo que nadie le exigía y casi siempre en favor de otros  y no en favor de sí mismo.

Los enfermos de cáncer no tenemos elección, ni somos valientes, ni ejemplos de vida, ni ayudamos a nadie. Sencillamente nos tocó la enfermedad y tuvimos que hacer lo que tocaba para curarnos e intentar sobrevivir. Nos tocó como a otras personas les toca una esclerosis múltiple, un enfisema pulmonar, una insuficiencia coronaria, o cualquiera de esas enfermedades que ponen en peligro nuestras vidas y que cambian nuestras rutinas cotidianas. Alguna de esas enfermedades que nos pone al borde de lo que llamamos vida y nos hace plantearnos algunos de los valores y parámetros con los que hasta entonces veníamos gobernando nuestra existencia.  
  
No tenemos ningún mérito, cualquiera en nuestro lugar hace lo mismo, porque no te queda otra. Los que hemos pasado por los tratamientos sabemos que enfrentarse a un cáncer o a cualquier otra enfermedad dolorosa y limitante, tiene de todo  menos gloria.  Hay miedo, dolor, rabia, enfado, angustia y también esperanza, aceptación, ilusión y hasta diversión. Así somos los humanos.

Ni cuando te curas, estás curado, ni cuando sobrevives estás libre de enfermedad. Aprendes a vivir con lo que hay, con lo que queda, con las secuelas, te recompones y sigues adelante, como todos, como cualquiera. 

No hay guerra posible, salvo la que a veces libramos con nosotros mismos cuando estamos cansados y empezamos a pensar que sería mejor dejar el empeño y relajarnos, dejar que la enfermedad siga su curso y nos lleve tranquilamente hacia la muerte, porque no siempre la vida es vida. 


domingo, 24 de enero de 2016

PASAR EL TIEMPO


Acabamos de terminar las vacaciones navideñas un tiempo especial que todos los años disfrutamos en mayor o menor medida y ya hemos vuelto a la rutina cotidiana.

Como siempre han pasado demasiado rápido y a pesar de nuestros buenos propósitos se nos han quedado un montón de tareas y actividades sin hacer. Y es que una característica muy especial de las vacaciones y el tiempo libre es la percepción del paso del tiempo. Hagas lo que hagas y tengas los días que tengas, siempre que sea superior a una semana, el ritmo temporal se acelera y todo parece que sucede en un instante.

Los primeros días suelen parecer muy largos, cada poco nos sorprendemos consultando el reloj y descubriendo que apenas ha pasado una hora desde la última vez que lo miramos. Tenemos la impresión de que tenemos mucho tiempo por delante y que por una vez las vaciones nos cundirán todo lo que deseamos.
Pero este espejismo sólo dura unos pocos días porque sin que podamos remediarlo el tiempo se acelera y lo que parecían días interminables se convierten en impresiones momentáneas que saboreamos brevemente cuando ya están acabando.
Los últimos días son especialmente agobiantes porque aunque intentamos alargar los minutos estos parecen escaparse cada vez más velozmente y nuestra angustia sólo consigue empeorar nuestro ánimo.

Con la edad esta experiencia podemos generalizarla al paso del tiempo en general y cada vez percibimos que todo sucede más rápido y que los días se nos escapan entre los dedos. Recordamos con añoranza los largos e interminables veranos de nuestra infancia pero no sabemos cómo recuperarlos.

No quiero dar recetas ni aconsejar remedios milagrosos pero desde hace tiempo he conseguido amortiguar esta sensación y hacer que cada día tenga 24 horas y sentirlas plenamente. El secreto es prestar atención a lo que ocurre en cada momento y olvidarnos de lo que vendrá después.Una de las razones por las que percibimos que el tiempo pasa rápido es porque siempre vivimos el presente en función del futuro,distraemos nuestra atención de lo que está pasando en este momento para planear actuaciones para el tiempo que vendrá.

Estamos en nuestro trabajo esperando el tiempo libre de la tarde y viviendo de puntillas lo que nos está sucediendo en ese momento. Nos perdemos lo maravilloso del invierno imaginándo un radiante día de primavera y cuando llega nos pilla imaginándo las vacaciones de verano y así un día nos damos cuenta de que de nuevo ha pasado el año y casi sin enterarnos.

No todos los momentos son agradables de vivir, hay días, incluso semanas que uno desearía saltarse y aparecer en otro tiempo, pero incluso en esas ocasiones en que el tiempo se hace eterno hay instantes mágicos que nos ayudan a continuar y sobre todo a recordar después con ternura lo que nos pareció tan terrible.

Fijarse en los detalles, alegrarse,compartir lo que nos agrada, preocupa o entristece,apreciar lo cotidiano y darle valor de extraordinario, son pequeños trucos para ralentizar el reloj o al menos para sentir que podemos controlar el tiempo.


domingo, 12 de julio de 2015


...NO HACER APRECIO

Desde que las redes sociales son la fuente de información básica para una gran parte de la población, estamos asistiendo a campañas furibundas que no hubieran tenido eco en los medios de comunicación tradicionales o desde luego no hubieran tenido la misma difusión. 

Se trata habitualmente de campañas de linchamiento  contra personas y entidades que se atreven  a decir o hacer algo que no es considerado correcto  por estos nuevos talibanes de la comunicación o, en otros casos, que han metido la pata porque errar es de humanos, menos en las redes sociales donde no se puede errar, ni equivocarse sin que alguien te lo recrimine.

Y una vez que alguien lanza la piedra se extiende como las ondas en el estanque, cada vez más y más lejos y a diferencia de las ondas en el agua que se van desvaneciendo, en las redes ocurre lo contrario cada vez se hacen más grandes y se distorsionan más. No hay remedio, no sirve la rectificación, ni las disculpas, porque en las redes no se lee, sólo se miran titulares con lo que es casi imposible arreglar el entuerto por mucho que lo intentes.

No voy a volver sobre el caso Zapata que ejemplifica magníficamente lo que estoy diciendo, es sólo un caso más que ha tenido especial relevancia porque había un trasfondo de hundimiento político que  a nadie medianamente inteligente pudo escapársele. 
Todos los días se producen casos similares en las que algún internauta bienintencionado inicia campañas denunciando alguna incorrección cometida por algún incauto en la red o en la vida real.

Hoy mismo me llega a través de una amiga la carta que Tete Peralta, propietario y director de un centro de recuperación de animales, dirige a Fran Cuesta, un conocido naturalista televisivo,  para hacer frente a la campaña de desprestigio en que se ha visto envuelto gracias a unas declaraciones que este naturalista mediático ha hecho sobre su  trabajo.

Probablemente las declaraciones de Fran Cuesta no fueran malintencionadas, no las he visto ni leído, pero seguro que en el medio televisivo han sido sacadas de contexto y recogidas por centenares de "animalistas" y ecologistas de libro que las han utilizado en las redes  para atacar, desprestigiar y denigrar una empresa que lleva un montón de años trabajando por y para los animales, aprovechando de paso para insultar a su cabeza visible.

Me he hecho eco de la carta de Tete Peralta aún a sabiendas de que sus explicaciones, claras y pertinentes, son inútiles y sólo llegarán a las personas que quieren realmente informarse y saber, que no se dejan encandilar ni ofuscar por un titular. 
Supongo que su carta es una manera de reaccionar, de responder a la impotencia que uno siente cuando es atacado injustamente, cuando además te sientes inerme, sin posibilidad de defensa, por eso la he compartido para acompañarle, para que al menos pueda percibir la simpatía y comprensión de otras personas.

Sin embargo cada vez estoy más convencida de que en el mundo de los medios y las redes sociales  la mejor actuación  es no reaccionar ante los insultos y ataques. El viejo refrán de "No hay mejor desprecio que no hacer aprecio"  es también una forma de defenderse y de evitar que las ondas sigan extendiéndose, sobre todo en un medio donde la actualidad es cuestión de horas y la noticias duran lo que tarda en aparecer el siguiente titular.  . 
     
    

lunes, 6 de abril de 2015

MUERTOS DE PRIMERA, DE SEGUNDA, DE TERCERA...

Con los sucesos de las últimas semanas hemos tenido ocasión de comprobar de nuevo el distinto tratamiento informativo que se da a las víctimas dependiendo del continente del que procedan.

En menos de 15 días hemos tenido ocasión de angustiarnos con la experiencia de los turistas ocultos en el museo de Túnez intentando salvar la vida, mientras que un grupo de terroristas acribillaban a todo aquel que encontraban a su paso.


Sin tiempo para asimilar completamente la noticia, cuando analistas y politólogos empezaban a desgranar opiniones y justificaciones sobre el hecho, una nueva desgracia más grande si cabe vino a distraernos;un avión se estrellaba en los Alpes dejando 150 víctimas.
Y de todas las posibles hipótesis que podríamos haber imaginado, accidente, atentado, fallo técnico,...  la más sorprendente y terrible se fue abriendo paso a las pocas horas, el copiloto había estrellado el avión voluntariamente.

Si el despliegue informativo era ya numeroso antes de conocer la causa del accidente, esta nueva información consiguió que todos los medios de comunicación se lanzaran  sobre familiares, amigos, conocidos, vecinos, o de cualquiera, que quisiera contar, opinar o aportar algún dato por insignificante que pudiera parecernos, y hacérnoslo llegar con gran lujo de detalles y con ese tono teatral y artificioso que ponen los comentaristas cuando tienen que darnos, lo que ellos piensan es una noticia emocionante.

Hemos visto en repetidas ocasiones los restos del avión y el pasaje esparcidos por las laderas de las montañas, hemos escuchado hasta la saciedad  detalles sobre la vida, estudios, ideas y sueños del copiloto, nos han explicado las peculiaridades del proceso de duelo que sufrirán las familias y afortunadamente, en esta ocasión los periodistas, no han podido traspasar algunos límites y los familiares no han sido  acosados y preguntados hasta el agotamiento sobre sus sentimientos y opiniones.
También conocemos al detalle aspectos sobre la seguridad en cabina y las normas que habrá que modificar para que volvamos a sentirnos seguros cuando volamos y no miremos con sospecha a los pilotos o copilotos pensando que bajo esa gorra y chaqueta con botones dorados puede cobijarse un psicópata o un suicida en ciernes.

Habían pasado sólo nueve días cuando una matanza de similar categoría se produjo en la universidad de Garissa en Kenia. 148 estudiantes fueron asesinados por el grupo terrorista Al Shabab. Podríamos pensar que de nuevo los medios  centrarían el foco de atención en este suceso y dejarían a un lado las noticias del accidente áereo,... pues no. Las noticias de Kenia llegan a través de imágenes e información que de forma privada trasmiten, organizaciones, blogueros y agencias independientes de noticias. Los periódicos tardan casi tres días en hacerse eco de la noticia y las televisiones apenas incluyen  un titular entre la aparición de la segunda caja negra del avión siniestrado y el acuerdo de EEUU con Irán.  

Definitivamente no todos los muertos son iguales, ni el dolor de las familias tampoco, parece que si vives en un país africano estás más preparado para el dolor, puedes encajar la muerte de un ser querido sin que los psicólogos de oficio te atiendan y arropen, sin que te preparen funerales públicos y el estado se haga cargo de todas tus necesidades. Si vives en un país de negros, la muerte se supera a pelo, casi sin despeinarte o totalmente despeinado porque dentro de nada habrá otra matanza horrorosa y entre una y otra no da tiempo a recuperarse.

Nosotros, los que vivimos al otro lado, los que sólo miramos, deberíamos, al menos,  tratar con el mismo interés  a todos los muertos  y  documentarnos un poco para identificar a cada uno con su país de origen, aunque Nigeria y Kenia nos parezcan lo mismo y seamos incapaces de colocarlos en un mapa.    

        

domingo, 8 de febrero de 2015

HABLAR DEL TIEMPO

HABLAR DEL TIEMPO (1)

Durante mi infancia viví en el mundo rural, mi familia y prácticamente la mayor parte de las personas del entorno, vivían de la agricultura y de la ganadería. El tiempo y los fenómenos meteorológicos marcaban la rutina diaria y las actividades cotidianas. Era frecuente consultar a los expertos, algunos mayores que tenían fama de acertar en sus predicciones  y también el programa del tiempo con Mariano Medina al frente, concitaba a muchos vecinos en “Casa José”, el único bar que poseía un flamante televisor en su recinto.

El invierno era eso, invierno, hacía un frío terrible, nos salían sabañones y manchas rojas en las piernas cuando nos arrimábamos demasiado al brasero. Por la noche aguantábamos el pis para no tener que atravesar el gélido pasillo hasta el baño y las mantas, llegaba un momento, que lo que te ofrecían era peso en vez de calor. El verano era verano, calor, muchas moscas, siesta obligatoria y tardes maravillosas de juegos hasta casi el anochecer, baños en el río y tormentas que nos hacían temblar y nos traían el olor del otoño cuando ya había que ponerse la rebeca porque refrescaba por la tarde. También estaba la primavera que daba sorpresas infinitas con lluvias intempestivas y calores inesperados.

Hubo veces en que una tormenta de granizo rompió tejas y ventanas de muchas viviendas, otoños que llovió tanto que no se pudo sembrar y las familias tuvieron que  tirar de ahorros hasta la temporada siguiente, hubo sequías en las que se sacó la imagen de  San Isidro para que viera los campos y se compadeciera del estado de las cosechas, hubo hielos que impedían a la gente salir de casa, y nieves que permitieron a la chavalería hacer muñecos de nieve que permanecieron en pie durante meses.

El tiempo atmosférico era parte de mi vida entonces, pero unos años después me fui a la ciudad, empecé a vivir en un medio en que la calefacción y el agua caliente eran algo corriente, también aparecieron nuevos tejidos y la ropa de invierno se convirtió en algo más ligero y fácil de llevar. La lluvia, el calor, el frío, las tormentas se convirtieron en sucesos sin importancia que como mucho podían incomodar la vida  en una ciudad grande y populosa.

Pero sin saber cómo, a partir del inicio del siglo XXI el tiempo empieza a tener una relevancia tal que se convierte en tema de debate, información y preocupación para muchos ciudadanos. A veces siento que somos de nuevo hombres de las cavernas preocupados por buscar el sustento entre fenómenos naturales que nos aterrorizan y asustan, que se convierten para nosotros en dioses terribles y vengativos dispuestos a aniquilarnos a la menor oportunidad.
No me estoy refiriendo al cambio climático un problema que nos afecta y afectará a todos, no, me refiero a esa sobreinformación relativa al tiempo y a las temperaturas, teñida de exageración y dramatismo.

No salimos de una alerta roja por nevadas, cuando entramos en una ciclogénesis explosiva, la ola de calor sucede a las lluvias torrenciales, el estado de emergencia por viento huracanado, precede a las temperaturas más frías de los últimos años, las olas más altas, la sequía más terrible, el frío siempre es polar, el viento subsahariano y así sucesivamente. Vivimos en una amenaza continua  y los programas de información meteorológica ocupan tanto tiempo en los informativos como, no voy a decir la información política, sino como la información futbolística.  
Reconozco que me irrita esta abundancia y teatralidad en la información. Pertenezco a una generación en la que en geografía estudiábamos que la mayor parte de España correspondía a un clima continental muy frío en invierno y muy caluroso en verano, que en el mediterráneo había pocas lluvias y solían ser torrenciales especialmente a finales del verano y que llover lo que se dice llover era algo que sucedía en el Cantábrico que para eso lo llamaban la España húmeda.  
No suelo consultar el tiempo cuando tengo que viajar porque no puedo supeditar mis días de vacaciones al tiempo que vaya a hacer en el lugar elegido, ya apechugaré con el tiempo que haga. Supongo que la dirección general de tráfico me considerará persona irresponsable y peligrosa pero creo que en vez de tanta alerta habría que hacer mas cursillos de sentido común, sería más barato y hasta es posible que dieran mejor resultado a la hora de prevenir accidentes.

Con las últimas nevadas hemos podido disfrutar de perlas informativas difíciles de olvidar, las mejores suceden cuando el audaz reportero o reportera se dirige a algún paisano de la tercera edad, alguno de los que aún no han caído en la tentación de decir obviedades cuando les ponen la “alcachofa” delante.
El reportero pregunta cómo están viviendo la última oleada de frío polar, el paisano, prudente, contesta que como todos los inviernos, abrigándose y quedándose en casa, el reportero insiste:

- ¿Han tenido miedo? Habrán sentido el peligro de quedarse aislados ¿no?

el paisano mira socarrón  a la cámara  y dice:

- Bueno mientras tengamos la matanza podemos esperar a que llegue el buen tiempo.              .



domingo, 18 de enero de 2015

NUEVOS PROPÓSITOS

Sin darme cuenta he aparecido en enero del 2015 y ha pasado todo un año sin apenas visitar el blog. 

Se que he pensado en escribir en muchas ocasiones, pero la pereza, la rutina diaria y una cierta sequía emocional lo han hecho imposible. El 2014 ha sido un periodo para otras aventuras menos literarias, pero... dejémoslo aquí , ya no tiene remedio, no sirve de nada lamentarme por lo que podría haber escrito, ahora es el tiempo de hacer NUEVOS PROPÓSITOS.  

Y voy a hacer una lista para que no se me olvide ninguno, para poder repasarlos y recordarlos cuando flojee  y la desidia se apodere de mis buenas intenciones

  • Me propongo escribir cada vez que algo me indigne, enfade o disguste. La rabia no es buena compañera.
  • Me propongo escribir cuando algo me deslumbre y maraville. Hay que seguir manteniendo los ojos abiertos.
  • Me propongo escribir cuando me emocione y sienta compasión o pena. Compartir la tristeza es otra manera de superarla.
  • Me propongo escribir cuando suceda lo inesperado, lo sorprendente. Siempre es momento para aceptar que la realidad puede ser de otra manera.
  • Me propongo escribir cuando no pase nada y la rutina sea la ley de los días. Escribir puede ser un buena manera de sacudirse el tedio.
  • Me propongo escribir cuando esté alegre y divertida. La risa es la mejor crema de belleza.
Creo que ya son suficientes , ahora sólo tendré que estar atenta para no pasar por alto las ocasiones de cumplir mis propósitos. El camino se hace andando y yo ya he empezado.

                                                                                         Valdepiélagos 18 de enero de 2015   

             

sábado, 1 de febrero de 2014

PERIÓDICOS

Cuando yo era pequeña no me gustaba nada el ABC, era un periódico soso, con mucha letra, sin estampas y con un cierto aire a BOE. El YA era otra cosa, tenía un papel más suave y  muchos "santos" que en una época en la que todavía la tele era cosa de ricos, constituían nuestro arsenal de imágenes que recortábamos y atesorábamos como si se tratase de incunables. 
Digo esto para que entendáis que mi opinión está  viciada desde mi más tierna infancia  porque aunque también estaba el DIGAMÉ  que tenía un color sepia y la mayoría de las fotos eran de toreros y faenas en la plaza, no era comparable a las imágenes de planchas, tónicos, insecticidas y colonias que salían en las páginas centrales del YA. 

Pasado el tiempo aparecieron otros periódicos en mi vida, mi época de COU supuso la llegada del Diario 16, toda una revolución que hubo que defender frente a las teresianas que querían a toda costa que siguiéramos comprando el YA, periódico que yo había abandonado por católico y conservador. 
Y un poco después descubrimos EL PAIS y todos los de mi entorno pensamos que otro periodismo era posible.  Desde entonces he seguido siendo fiel a este periódico, a veces discrepo, me enfado y pienso que está vendido al poder, a la empresa, a las multinacionales o a lo que sean los poderes fácticos, pero me sigue gustando su formato, sus columnas, sus secciones y el tamaño de sus páginas. Ya veis, más que la ideología puede en mi la nostalgia de la infancia.
Leo otros periódicos, La Vanguardia con frecuencia, La Voz de Galicia cuando ando por aquellas tierras, el suplemento de salud de La Razón que me parece muy bueno, no así el resto del periódico, el ABC esporádicamente , aunque sigue pareciéndome muy aburrido ... pero aunque lo he intentado en varias ocasiones y en algunas temporadas he dispuesto de él a diario, no puedo con el periódico EL MUNDO.

Desde su formato que, de forma burda, copia el modelo de El PAIS hasta su contenido que siempre se ha parecido más a los tabloides que a un periódico  de información, todo me parece una farsa. Y cuando digo un periódico, digo su director porque la línea editorial y el contenido vienen determinados por la persona o personas que están detrás, dirigiendo y decidiendo la línea editorial. 

Todo esto viene a cuenta por las múltiples defensas que de Pedro J Ramirez vengo escuchando y leyendo estos días. Hablan de su cese como de un ataque a la libertad de prensa, una mordaza en la libre opinión realizada desde el poder político, la caída del periodismo libre, etc. y todos estos panegíricos vienen acompañados de una muletilla "sea cual sea la opinión que tengamos de Pedro J. Ramírez". 

Pues bien, como este es mi espacio puedo dar mi opinión y  opino que Pedro J. Ramírez no es un periodista, aunque seguro que tiene la carrera y a lo mejor hasta por una universidad extranjera  y opino que la libertad de expresión no va sufrir un ápice porque cese en su cargo de director de EL MUNDO ya sea por presiones políticas,  económicas o por razones puramente personales. 
Porque aquí llamamos periodismo a cualquier cosa y las mentiras, insidias, medias verdades, hipocresías y manipulaciones han sido una línea habitual en este medio,  alentadas por su director que hace amigos o enemigos en el poder dependiendo del momento. Los que ahora se alarman porque el poder político le haya retirado su apoyo, no mencionan que durante años ocurrió lo contrario y este periódico se convirtió en el vocero de los poderosos y de sus intrigas.

Habría que decir que quien a hierro mata a hierro muere aunque no creo que sea el caso porque PedroJ. Ramírez no sera, según mi opinión, buen periodista, pero es listo de narices y seguro que encuentra otro sol que más caliente, otra comidilla en la que hincar el diente, otro partido al que convertir en salvador de la patria, otro suceso que "investigar", otro grupo de periodistas a los que dirigir y claro,  lectores a los que convencer y manipular.   

sábado, 18 de enero de 2014

EMIGRANTES

Han terminado las fiestas navideñas y los últimos días he podido leer varios comentarios en las redes sobre la partida de nuestros jóvenes a distintos destinos. Una partida triste en la mayoría de los casos porque no se trata de viajes de placer sino de salir a buscar empleo a perseguir un futuro que aquí se vislumbra  incierto.

Son los nuevos emigrantes sobre los que escriben y hablan sin parar periodistas, políticos, sociólogos y opinadores, en general, entre los que me encuentro. Las opiniones oscilan en los dos extremos, como casi todo lo que ocurre en nuestro país, desde la desvergüenza de los políticos que se han atrevido en algunos casos a llamarles aventureros y emprendedores, hasta los paternalistas que hablan de la juventud perdida, de la fuga de cerebros  de miles de científicos, literatos, cineastas y futuros premios Nóbel  que abandonan nuestro país  hacia el exilio.

Curiosamente este lamento por nuestros emigrantes no se ha traducido en un ápice de comprensión para los inmigrantes de otros lugares que abandonaron sus países y casas hace ya muchos años para venir aquí a lo que pensaron que era la tierra prometida. Inmigrantes a los que hemos acusado de aumentar la tasa de delincuencia, abaratar los salarios y quitar el trabajo a nuestros convecinos. Inmigrantes que en muchos casos tenían y tienen parecida cualificación  que nuestros jóvenes, esos de los que decimos que son la generación mejor formada - me pregunto cómo puede ser si tenemos el peor sistema educativo del mundo, pero esto será tema para otro día -. 

Profesores, administrativos, artistas, abogados, ingenieros, técnicos, y también obreros que dejaron atrás su familia y su vida para buscar un futuro en España y se encontraron con malos trabajos que pocas veces respondían a su cualificación real, que tuvieron que soportar la indiferencia cuando no nuestra burla y desprecio, que tienen que hacinarse en pisos y malvivir junto a sus hijos en habitaciones con derecho a cocina por las que pagan un precio excesivamente alto.
Algunos han tenido que volver a su país, se deshacen de todo, venden lo que han conseguido reunir en los últimos años para empezar de nuevo, quién sabe sin con mejor fortuna, pero al menos rodeados de los suyos.

Ahora veo a nuestros jóvenes y no tan jóvenes hacer ese mismo camino pero dirigiéndose al norte a trabajar en lo que salga, a buscar oportunidades como camareros, reponedores, dependientas, conductores, personal de limpieza. Esperando que surja la ocasión para trabajar de lo suyo, amontonados en pisos compartidos con otros emigrantes, gastando el dinero reunido con esfuerzo, compartiendo baño y cocina en pequeños apartamentos, defendiéndose con el idioma como pueden, añorando la comida de nuestro país y juntándose con otros compatriotas para festejar juntos lo que sea.

Me pregunto si les habrán puesto mote como hacemos nosotros con los que vinieron, ¿serán los "panchitos" del norte o preferirán llamarlos "sudacas" ya que proceden del sur de Europa?. Posiblemente habrán inventado algún otro nombre que será igual de ofensivo pero que sonará más "cool" . Me pregunto si la policía les pedirá los papeles cuando encuentre a un grupo reunido en la calle, si el guardia de seguridad se pondrá alerta cuando entren en las tiendas, si las señoras apretarán el bolso bajo el brazo cuando se crucen con alguno de los nuestros en una calle poco transitada, si los vecinos llamarán a la policía cuando nuestros hijos tengan alguna reunión más ruidosa de lo que allí es habitual, si en las reuniones de vecinos alguien propondrá expulsar a los españoles del apartamento del tercer piso. 

Me pregunto si esos jóvenes orgullosos y entusiastas llegarán a sentirse ciudadanos de segunda en esos lugares donde pensaron que encontrarían un futuro mejor.  
                    


viernes, 27 de diciembre de 2013

TICKETING

Cuando yo empecé en esto de las redes sociales hace ya unos años, pasé un tiempo preocupada  porque no comprendía muchos de los términos que utilizaban los que yo consideraba "expertos". Muchas veces me sentía literalmente una analfabeta cuando me encontraba con textos enteros de los que apenas comprendía una pequeña parte. Poco a poco con ayuda de otros usuarios que amablemente me aclaraban términos y conceptos y con el apoyo incondicional de google, que siempre es muy socorrido, me he ido apañando en este mundillo.
No es que sepa mucho más que antes, la diferencia es que ahora no estoy acomplejada y muchas de las palabras, mejor dicho "palabros" que utilizan algunos internautas me producen más risa que desconcierto. Espero que algún monologuista aborde este tema cuanto antes porque tendrá un verdadero filón que además engorda diariamente porque siempre hay alguien más a la última que nos asombra con una nueva palabra que hasta el segundo anterior decíamos normalmente en nuestro idioma.  

Aunque todos los temas son subsidiarios de poder caer en esta tendencia, hay dos áreas especialmente propicias, por un lado la tecnología y por otro la moda. En el campo de la tecnología hemos visto tontadas como "gadgets", pero la última que he recogido roza lo surrealista. 

Ticketing es una palabra inglesa que podríamos traducir por "resolución de incidencias".  Se utiliza sobre todo en los paquetes de programas informáticos para decir que cuentan con un servicio de resolución de problemas. Podemos pensar que con decir "resolución de incidencias" habría bastado, pero queda infinitamente más profesional y seguramente es un servicio mucho más eficaz si utilizamos la palabra inglesa. Pues no contentos con este uso ahora han empezado a emplear la palabreja en lugar de "venta de entradas". Si, ya sabéis, ese servicio tan cómodo  que te permite sacar las entradas para un espectáculo desde tu casa y cobrarte un recargo escandaloso, este servicio que hasta ahora llamábamos simplemente venta de entradas o si eramos muy modernos "telentrada".  Como veis se ha producido lo más temido, dos expertos han tenido la idea genial de utilizar la misma palabra inglesa para nombrar algo que ya tenía nombre en español habrá que ver quién triunfa en este peculiar duelo.       

En el mundo de la moda la diversión está asegurada, ya no hay estampados sino "print" y no usas conjuntos sino "outfit" que tendrán que ver con tu "look" y no con tu estilo que es lo que teníamos antes. Las prendas y accesorios también han cambiado de nombre, tenemos "slippers" para llamar a las zapatillas de toda la vida,  quién nos iba a decir que las gitanas de mediana edad estarían "in" este año, "clutch" para llamar al bolso de mano y "must" o "must have" para indicar lo que se lleva en la temporada. 

Todo cambia y mejora, antes uno iba de compras con una amiga y como mucho la invitabas a un café al terminar para compensarla de la paliza de alcanzarte las prendas cuando entrabas al probador y por el esfuerzo de responder al ¿cómo me queda? . Ahora no sales de compras, llamas a la "personal shopper"  que te lleva las prendas a casa y te dice lo que debes ponerte en cada momento del día. Es más caro pero nos deja tiempo para aprender y descifrar la nueva terminología que hay que utilizar si quieres ser un conocedor  del mundo digital.
   

    

viernes, 2 de agosto de 2013

RESPONSABILIDAD

La  semana pasada se produjo una de esas desgracias que nos dejan atónitos, que se llevan un montón de vidas por delante y que suscitan ríos y ríos de noticias reiteradas, de comentarios, de opiniones, críticas, confirmaciones y desmentidos.
Me estoy refiriendo, como ya supondréis,  al accidente de tren ocurrido en Santiago de Compostela  que ocasionó 79 muertos y casi un centenar de heridos algunos de ellos muy graves. No voy a añadir ni una palabra más a todo lo dicho estos días, a lo que aún se sigue diciendo, a lo que todavía dará de si la noticia en los medios de comunicación... voy a  hablar de responsabilidad.

Un accidente es producto de un montón de circunstancias que se conjugan en un instante para ocasionar la catástrofe, pero no son producto del destino ni de la adversidad, ocurren por que la responsabilidad que debería haber sido ejercida por unos y otros se convirtió en rutina, desidia o en algo peor.

El problema es identificar y aceptar la responsabilidad de cada uno para conocer la verdad de lo ocurrido, las causas reales y poder corregirlas en un futuro. Identificar los errores es el único medio de no repetirlos aunque para ello haya que aceptar nuestra parte de culpa y asumirla con las consecuencias que eso pueda tener, sociales, económicas, políticas, penales y por supuesto personales.  
Sin embargo lo habitual es intentar buscar un culpable que cargue con lo sucedido y dar carpetazo al asunto. Como normalmente no hay una sola causa, asistimos abochornados al cruce de culpas que los distintos protagonistas del suceso se lanzan unos a otros sin que haya el menor atisbo de buscar las razones reales de lo ocurrido. 
Nadie es el absoluto culpable pero tampoco nadie da un paso al frente para admitir que tuvo su parte de culpa, cada uno interpreta la realidad del modo que más le conviene y depende de a quién escuches, la culpa será de la administración, de la empresa o del profesional correspondiente. 

Todo esto aderezado con el espectáculo de los medios de comunicación que harán de voceros de unos u otros según sus inclinaciones y que, al mismo tiempo publicarán rumores, opiniones y noticias cada cinco minutos sin preocuparse de si lo publicado es auténtico o de si habrá que desmentirlo en la siguiente comunicación. También ellos tienen su responsabilidad porque su información  actúa en muchas ocasiones de juicio paralelo sobre lo sucedido, antes incluso de que pueda actuar la justicia. 

Falta hablar de nuestra responsabilidad, la que tenemos como ciudadanos que opinamos, emitimos juicios de valor e incluso insultamos aprovechándonos de la impunidad de las redes sociales. 

Todo es legítimo en aras de la libertad individual, sin embargo nuestros actos no son inocentes porque siempre llevan aparejadas consecuencias para los que nos rodean. Ser conscientes de esta realidad nos obliga a ejercer la responsabilidad de ser libres.    
        
          

domingo, 21 de julio de 2013

EL LENGUAJE CORRECTO

Llevo un tiempo preocupada por el lenguaje y además con varios frentes abiertos.  En esta entrada me voy a referir al lenguaje correcto, a esa nueva corriente que fiscaliza cada palabra que decimos para ver si se ajusta a todas las normas que hay que respetar, género, igualdad, cultura, etc, etc, etc. El caso es que cada vez es más difícil acertar con las palabras, en realidad cada vez es mas difícil decir lo que uno quiere decir sin ofender o molestar a los que nos rodean.

Los buscadores de palabras incorrectamente usadas  no entienden que las palabras son ofensivas cuando intentan ofender y  discriminan cuando la intención es discriminar. La intencionalidad es una parte muy importante de la comunicación y el sentido cambia porque cambia la intención del que emite el mensaje. El problema es que como la comunicación funciona en las dos direcciones también la intención del que recibe el mensaje puede modificar el sentido de mismo. Los que utilizan las redes sociales lo saben muy bien y utilizan constantemente "emoticones"y muletillas  para hacer visible su intencionalidad a la persona que recibe el mensaje. Cuando me inicié en este mundo virtual me parecían ridículos tanto dibujito, tantos jejejes y jajajas continuos en cada mensaje. Pero después de algunos percances en los que comprobé que la ironía es poco entendida en las redes y que lo que uno escribe la mayoría de las veces se entiende de forma literal, yo también he empezado a colocar caritas sonrientes y gestos de complicidad cada cuatro palabras.
     
Es verdad que hay términos claramente ofensivos y que debemos desterrar pero hay muchos otros que no lo son, simplemente están anticuados o el hablante no puede sustituirlo por otro que exprese mejor lo que quiere decir.
Hace unas semanas vi como un presentador muy conocido se disculpaba por haber dicho "sufrir cáncer" , un poco más tarde se disculpa por decir "padecer cáncer", la razón es que el paciente no sufre, ni padece, sino que tiene cáncer. Tampoco se puede decir "luchar contra el cáncer" porque no hay que dotar de un sentido épico a la enfermedad y en ningún caso utilizar la palabra cáncer en contextos no sanitarios. Se acabó el decir "es un cáncer para la sociedad" , ""se está extendiendo como un cáncer" o similares.
Este mismo ejemplo se puede extender a ciego, sordo, autista, invalido..., y si usamos estos términos en un sentido metafórico siempre aparecerá alguien que se habrá sentido ofendido por la utilización espuria de estas palabras.
Si algún autor o personaje conocido se distrae y consciente o inconscientemente utiliza alguna de las palabras o expresiones prohibidas, le caerá la mundial y serán centenares los internautas que le afeen su conducta, de forma más o menos cortes o insultante, dependiendo del talante, aunque en el mundo virtual predominan los que insultan sin mirar a quien. La escritora Lucia Etxebarria tuvo la osadía de referirse a la finalista del último premio Planeta con la expresión Mara "no se qué" como hubiéramos dicho y decimos cualquiera de nosotros cuando desconocemos el nombre completo de alguien o de algo. Pues bien a la autora, la llamaron de todo menos bonita y la acusaron de envidiosa, resentida y todo tipo de lindezas. Eso si a ninguno de los "insultadores" se le preguntó si conocía, antes de consultar internet, el apellido de la finalista que por cierto era Torres.

Se que poco se puede hacer por cambiar este estado de cosas. Quizás una llamada a utilizar el sentido común, a no ver fantasmas donde no los hay,  a considerar las palabras dentro de su contexto y a dejar que el lenguaje viva en los hablantes porque los significados cambiarán cuando cambien los usos sociales no por decreto y mucho menos por imposición.    
          
    



               

domingo, 19 de mayo de 2013

LOS NUEVOS INQUISIDORES

No se que nos está pasando, pero está surgiendo una nueva clase de ciudadanos que se erigen en defensores de las esencias indignadas. No me atrevo a decir de las esencias de izquierda por temor a ser acusada de colaboradora y pactista con los políticos, ese grupo de corruptos y malechores origen de todos los males de este país.

Para ser aceptada en el grupo de los puros de corazón, hay que ser ciudadana sin tacha, es decir no militar en ningún partido político. Puede ser disculpable pertenecer a IU, creo que incluso es perdonable confraternizar con UPYD, pero no es admisible simpatizar con el PSOE y mucho menos confesar haberlos votado. Tampoco es bueno simpatizar con los sindicatos, culpables de los males restantes, no importa  cuantas huelgas hayas hecho ni que te hayas arriesgado en manifestaciones y comités de tiempos pasados, tener un carnet de un sindicato te señalará como corrupto y simpatizante de los malos.
Confesarse defensor de la democracia es síntoma de conservadurismo y no eres nadie si no rodeas el congreso e insultas a sus diputados. No importa la de veces que hayas votado, hay que gritar fuerte que no nos representan y que el sistema está corrupto y hay que acabar con él cuanto antes.
El problema lo tenemos las personas que queremos seguir opinando y pensando por nosotros mismos, que creemos en la política y que pensamos que sólo haciendo política podemos organizarnos socialmente.

Paso mucha vergüenza cuando en las manifestaciones multitudinarias comparto calle y a veces pancarta con jóvenes que gritan e insultan a los  sindicalistas teniendo al lado a hombres y mujeres  curtidos en huelgas y muchas horas de trabajo, con banderas de CCOO  o UGT apoyadas en el hombro. Jóvenes que  lanzan consignas igualando democracia con  dictadura y nazismo como si pudieran imaginarse siquiera de lo que están hablando. La verdad a uno le entran ganas de darles una colleja y tirarles el IPOD a la papelera más cercana, pero no puede hacerse que esta es la juventud que nos hemos esforzado en crear, ignorantes y deslenguados y claro así son y se muestran.
 
Un poco más allá están los que protestan por la estafa de las preferentes y no puedo dejar de pensar que sólo están ahí por su dinero y que lo demás les importa más bien poco. Creo que si consiguen recuperar su dinero, espero que lo logren,  no les volveremos a ver más en la calle, el resto de nuestras reclamaciones creo que se la trae floja.

Si sigues avanzando verás las mareas, blanca la de sanidad, verde la de educación, negra la de la justicia,... y junto a la defensa legítima de derechos y prestaciones para los ciudadanos, ves aflorar el corporativismo que vicia muchas de nuestras reclamaciones porque también se defienden privilegios y prebendas que deben desaparecer si queremos justicia y eficiencia.

Ha habido manifestaciones en las que estos defensores de las esencias, han expulsado a políticos que querían mezclarse con el pueblo llano y aprovechar las sanas manifestaciones para potenciar su imagen mediática. Pero no, para eso estaban los inquisidores, para detectarlos, denunciarlos e impedirles que se aprovechen de la santa indignación para ganar votos.

Hay que ser masa, masa enfurecida, no señalarse para que no te descubran los vigilantes, los nuevos inquisidores que examinan tu trayectoria y descubren tus miserias de demócrata convencido.  


    

  

   

lunes, 18 de marzo de 2013

IMÁGENES

Hace 20 años las familias que teníamos un hijo enfermo de cáncer defendíamos su imagen a capa y espada. Nos sentíamos molestos con el uso que los medios de comunicación hacían a veces de nuestro niños con imágenes que se recreaban en lo más morboso de la enfermedad y que nosotros queríamos desterrar para ofrecer una imagen más luminosa y esperanzadora. Más de una vez protestamos por esas fotos que, además de ser dolorosas para nosotros, ofrecían una imagen distorsionada y tópica que en vez de mostrar la realidad del cáncer infantil con sus luces y sombras, movían a la conmiseración y la pena. No queríamos pena, queríamos acciones que se tradujeran en una mejor calidad en la atención a nuestros niños y adolescentes. 

Han pasado los años y la imagen de los menores se protege en todos los ámbitos, es necesario solicitar permiso no sólo de los padres y tutores sino también de la fiscalía del menor y de las instituciones donde se encuentran, ya sean  hospitales, organizaciones o colegios. Pero parece que esto no cuenta en el caso de los niños y adolescentes enfermos de cáncer  y aunque también sucede con niños de otras patologías, en el caso del cáncer  no hay día que no encontremos en las redes sociales, facebook y youtube especialmente, grabaciones, fotos  y reportajes gráficos de lo mas variopinto en los que, por supuesto, siempre se ofrece la imagen tópica y típica del niño enfermo de cáncer. 

Podríamos pensar que esto se traduce en un mayor conocimiento de la enfermedad y sus problemas, pero no lo parece  porque al igual que las imágenes suelen ir acompañadas de textos en los que se alaba la valentía y el esfuerzo de estos, cito textualmente, "pequeños héroes" , las respuestas suelen ser de mensajes expresando la pena por la enfermedad y la admiración por el heroísmo de estos luchadores. Se trata más de despertar lo emocional y no tanto de concienciar o denunciar los verdaderos problemas del colectivo.   

El origen de las imágenes suelen ser organizaciones que trabajan con estos pacientes y que utilizan este recurso para mover a la solidaridad y conseguir fondos. Por supuesto también promueven  la sensibilización aunque a mi entender no sea el método más adecuado. En otras ocasiones se trata de verdaderos fraudes que sólo buscan recaudar fondos, hace sólo unos días facebook ha denunciado este uso de la red y ha declarado que no es cierto que done dinero por cada click ni por cada "me gusta" que hagan los usuarios.

Lo que me desconcierta más es cuando esas imágenes tienen por origen a la propia familia que muestra, sin el menor rubor, a sus hijos y cuenta hasta los detalles más íntimos de su vida cotidiana, relatando en primera persona el transcurrir de sus días y sus andanzas. No llego a comprender la razón de este exhibicionismo. Tuve una hija enferma, estuve y estoy orgullosa de ella pero en ningún momento la habría expuesto salvo a las personas de mi entorno que la conocían y amaban tanto como yo.   
  
No se que pensarán esos niños cuando crezcan y vean su infancia  mostrada con todo tipo de detalles, qué opinarán de que sus emociones, sentimientos, juegos y sonrisas sean el objeto de conversación y comentarios de centenares de personas. Espero que disculpen esa necesidad que a veces tenemos los padres de liberar nuestro sufrimiento mostrándolo,  incuso utilizando  lo que nos es más preciado,  nuestros hijos.      

         

domingo, 10 de marzo de 2013

SOY RARA

Llevaba un tiempo preocupada por algunas reacciones que suscitan mis opiniones y comportamientos. Hago un comentario y observo unas sonrisitas a mi alrededor cuando, a mi parecer, lo que he dicho es algo cargado de sentido común.  Se habla de algún tema en grupo y todos me miran como diciendo ¿ con qué nos saldrá hoy?

Pues bien ya estoy más tranquila porque he llegado a la conclusión de que soy rara y esa es la razón del extrañamiento ajeno.

En mi casa cocina mi marido, sólo de forma extraordinaria me acerco por la cocina y siempre con desconfianza porque no me siento segura en un terreno que no es el mío. Mis hijos, chico y chica, confían en su padre para todos los temas relacionados con la intendencia, bocadillos para excursiones, comidas especiales, tartas para cumpleaños o ideas para cocinar por su cuenta. Cuando en las conversaciones se tratan estos temas, me siento como pez fuera del agua y no pocas veces he sentido la conmiseración e incluso un puntito de desprecio de mis congéneres. Para ser sincera yo creo que también me tienen un poco de envidia aunque disimulan pasándose recetas y explicando lo mucho que disfrutan en la cocina.

No leo revistas "femeninas", no veo programas del corazón, ni oigo programas radiofónicos relativos a estos temas de actualidad. Desconozco las relaciones entre unos personajes y otros, soy incapaz de diferenciar a una modelo famosa de un cantante de la última hornada y desde luego no puedo recordar ni sus nombres ni sus novios.  De nuevo estoy fuera de onda en las reuniones y mi ignorancia me pone en apuros a mi y a otras contertulias que se ven en la obligación de explicarme quien es el quien del "famoseo" al uso. 

Voy a la peluquería una o dos veces al año, no me tiño y nunca he llevado mechas, esto no sólo es mal visto sino que genera comentarios del tipo  "con las canas pareces descuidada" "hay que arreglarse un poco más". Yo hago como que no los oigo, que no van conmigo  y aprovecho mis escasas visitas a la peluquería para remediar mi ignorancia sobre la actualidad estudiando a fondo las revistas, reconozco que con poco éxito porque me olvido enseguida y todos me parecen un poco iguales. Me gustaría poder ir con más frecuencia, no para disimular las canas, eso no tiene remedio, sino para recibir el masaje en la cabeza que suelen ofrecerte después del lavado y que me parece la quinta esencia del placer.    

No me gusta el IKEA, esto ya entra en la categoría de pecado sobre todo si estás entre mujeres y hombres modernos imbuidos del diseño y lo in. Todo me parece bastante igual y visto un almacén vistos todos, por mucho que quieran disfrazarlo de  estilo y modernidad. Si ahora digo que no me gusta el STARBUCKS, esto ya no es rareza es excentricidad. Considero una estupidez tener que decir cómo me llamo a la camarera o camarero de turno y tomar el café en un vaso de plástico y remover el azúcar con un palito no es mi idea de lo que yo entiendo por tomar un café.Cuando veo a alguien en la calle con un vaso con tapadera sólo puedo pensar en el daño que han hecho a nuestra juventud las series americanas. 

Pero si no os he convencido os daré unos últimos datos sobre mis rarezas, soy de las que reciclo todo y además me gusta la corteza del pan de molde, siempre me como las tapaderas inicial y final de la bolsa de rebanadas.  

    




sábado, 23 de febrero de 2013

MORALIDAD

Llevamos unas semanas en que nos levantamos todas las mañanas con noticias de corruptelas, sobres, mafias, y similares. Nuestra capacidad de sorpresa disminuye proporcionalmente al número de noticias con las que nos bombardean los medios y se nos está haciendo una costra sobre la que casi todo resbala.

Un montón de mentirosos se pasean por los medios de comunicación, haciendo gala de su cara dura porque lejos de disculparse o sentirse avergonzados, se pavonean y muestran su cara más risueña para escarnio de, los que con estupor, los observamos. Su descaro llega hasta tal punto que se permiten aconsejarnos y nos dan lecciones de moralidad y  comportamiento. 

Cómo debemos trabajar, cómo tenemos que utilizar nuestros ahorros, lo importante que es el sacrificio de todos para salir de esta situación, los males que aquejan  a nuestra sociedad, etc., todo un compendio de recetas, análisis y soluciones que debemos poner en práctica para levantar el país. Mientras, nos enteramos de que estos próceres estafan a sus trabajadores, roban a las arcas del estado, incumplen repetidamente las normas y convierten la ley en papel higiénico de usar y tirar.

Antes de continuar con esta entrada, hago un inciso. Estoy hablando en masculino pero podría hacerlo en femenino perfectamente la desvergüenza no tiene género, es sólo que no me acostumbro y me parece cansino lo de utilizar ambos géneros simultáneamente. 

El último, por nombrar a alguno, el señor Arturo Fernádez, vicepresidente de la CEOE que paga en negro a sus trabajadores, nos informa que mantiene deudas con la seguridad social "a mucha honra" y que esto es lo normal y que lo hacen todos los empresarios.

No conozco a este señor personalmente, pero me gustaría decirle que todos los empresarios no lo hacen, somos muchos los que cumplimos religiosamente con nuestros deberes fiscales y laborales y nos avergonzamos de que nos puedan comparar con semejante espécimen.

Sus últimas declaraciones le redimen. Informa  a la prensa de que no se retira y que se va a tomar  un tiempo para  reflexionar, los periodistas se apresuran y le preguntan sobre el tema de sus reflexiones y aquí Don Arturo muestra su bagaje cultural y moral y declara: 
"....pues a reflexionar, hay diferentes tipos de reflexiones hay reflexiones largas y reflexiones cortas, a reflexionar sobre la vida.       

No tengo palabras creo que lo siguiente es ir a quemar algo.



 

sábado, 16 de febrero de 2013

EL VIAJE


Emily Pearl Kinsgley
Guionista de Barrio Sésamo


Esperar un bebé es como planear un fabuloso viaje de vacaciones a Italia: compras muchas guías de turismo y haces unos planes maravillosos, el Coliseo, el David de Miguel Ángel, las góndolas de Venecia... También puedes aprender algunas frases en italiano.

Todo es muy excitante. Después de meses de preparación, finalmente llega el día: haces las maletas y estás muy nervioso.

Algunas horas después, en el avión, la azafata dice: "Bienvenidos a Holanda"

"¿Holanda?", preguntas. "¿Cómo que Holanda? ¡Yo pagué para ir a Italia! Toda mi vida he soñado con ir a Italia."

Sin embargo, ha habido un cambio en el plan de vuelo, el avión ha aterrizado en Holanda y ahí te tienes que quedar. Así que tienes que salir y comprar nuevas guías de turismo, incluso tendrás que aprender un idioma nuevo.

Lo importante es que no te han llevado a un lugar horrible: se trata, simplemente, de un lugar diferente. Es más lento y menos deslumbrante que Italia. Pero después de pasar allí algún tiempo y de recuperar la respiración, empiezas a mirar a tu alrededor y te das cuenta de que Holanda tiene molinos de viento, tulipanes incluso Rembrandts...

pero todos tus conocidos están ocupados yendo y viniendo de Italia, presumiendo de los días maravillosos que han pasado. Y durante el resto de tu vida, te dirás: "Si, ahí es donde se suponía que iba yo. Eso es lo que yo había planeado."

Este dolor no desaparece nunca, porque la pérdida de este sueño es una pérdida muy significativa. Pero si malgastas tu vida lamentando no haber ido a Italia, nunca podrás ser libre para disfrutar de lo que es especial: las cosas encantadoras que te ofrece Holanda.  


(la guionista es madre de un niño con necesidades especiales)
  

domingo, 10 de febrero de 2013

TRABAJO versus PROFESIÓN

Llevo un tiempo preocupada por  las personas que me encuentro en el mundo de la educación que es mi mundo laboral, al que me dedico desde mi juventud,  en el que he desarrollado mi carrera y en el que he crecido como persona y profesional. 

Me sorprende sobre todo la falta de entusiasmo e iniciativa, la resignación ante lo cotidiano, el tono bajo y apagado con el que desarrollan su tarea y el distanciamiento que se gastan frente a los alumnos y las familias,  ya sean niños de primaria, adolescentes, bebés de escuela infantil o jóvenes universitarios.

He tratado de entender este comportamiento por parte de mis compañeros y profesionales del ramo y no llego a entenderlo. Claro todo visto desde mi perspectiva en  la que la educación llena una gran parte de mi vida, ha sido mi vocación desde que tengo uso de razón y enseño hasta en mis ratos libres porque el traje de "maestra" no me lo quito ni con espátula. 

La única explicación que encuentro es esa divergencia que existe entre trabajo y profesión y que no siempre coincide en nuestra experiencia vital y profesional. Lo que para mi es profesión y por lo tanto me enriquece y colma mis expectativas vitales, para muchos otros profesionales es simplemente un trabajo que deben realizar para conseguir un salario y que cumplen como un trámite que ni les satisface ni colma sus aspiraciones. 

También para mi la profesión de educadora es un trabajo en el sentido estricto.  Vivo de ella y mi economía familiar depende de que yo lleve a cabo mi trabajo como educadora. Pero puesto en una balanza el salario nunca ha sido lo más importante en mi desempeño profesional y durante años fue muy inferior a lo que puede esperarse que reciba un licenciado universitario.
No quiero decir que la remuneración que recibimos por nuestro trabajo no sea importante, claro que lo es y constituye un factor de satisfacción en nuestra tarea laboral,  pero no por si mismo ya que sólo el salario no nos convierte en profesionales entusiastas ni, por supuesto, en buenos profesionales. 

Lamentablemente vivimos en una sociedad en que lo importante es la apariencia social, lo que empuja a muchos de nuestros jóvenes a embarcarse en estudios que poco o nada les interesan, buscando una salida laboral que les proporcione el éxito social y económico que todos esperan conseguir en el futuro.  Sin embargo en una sociedad tan cambiante es difícil prever cuales serán las profesiones más solicitadas y con mayor remuneración. Profesiones muy demandadas hace una década, son ignoradas en la actualidad o cuentan con tal número de profesionales que difícilmente puede haber puestos de trabajo disponibles para todos.

El prestigio social que adquieren determinadas carreras también determina estas modas y preferencias profesionales y por supuesto un sistema de selectividad y puntos que hace que determinados estudios  sean refugio de los que no han conseguido nota o una estación de tránsito hasta conseguir plaza en el curso deseado. Para rematar este panorama, nuestro inefable ministro de educación,  cultura y deporte, Jose Ignacio Wert,  se ha dirigido a los estudiantes para aconsejarles que se dejen de tanta/tonta vocación y elijan estudios que tengan salidas profesionales viables y prácticas.    

La universidad ha dejado de ser un centro de cultura y saber para convertirse poco a poco en centros de formación profesional, casi oficinas de empleo, que ofrecen a las empresas empleados de diseño a la medida de las necesidades que determina el mercado. Los pocos reductos de ciencia y saber son denostados como inútiles y faltos de productividad, y ahí tenemos a filósofos, filólogos, matemáticos y artistas justificando sus profesiones y su saber para no ser barridos de las universidades y escuelas. 

Todo menos impulsar en niños y jóvenes el deseo de ser lo quieran ser, de formarse en aquello que les gusta y enseñarles que el trabajo es un medio de supervivencia que depende de la oferta del mercado y de la situación económica, pero que la profesión es una forma de mostrar nuestras capacidades, de crear y enriquecernos , de ser lo que queremos ser, aunque a veces nunca consigamos un salario en el desarrollo de nuestra profesión.  

       

sábado, 26 de enero de 2013

NAVIDAD



Navidad son las luces de la Plaza de Cibeles vistas desde un autobús donde las monjas nos llevaban, el día anterior a las vacaciones, a ver la iluminación de Madrid.

Navidad es mi abuelo entrando en mi habitación muy de mañana, con la cara helada de frío, contándonos que los duendes habían escondido una tableta de chocolate entre las junqueras del arroyo.

Navidad es recortar un belén de papel y reforzar las figuras con cartón  para colocarlo en el aparador de la sala.

Navidad es mi abuela cantando un villancico en la cocina mientras mi padre hace palomitas y las vemos saltar en la sartén.

Navidad es espiar a mi madre mientras coloca unas pinturas Alpino en la ventana y descubrir quienes son los Reyes realmente.

Navidad es un saco rojo donde mis hijos buscan expectantes los regalos.

Navidad es la Plaza Mayor llena de puestos y sonidos y mi hija Ana en los hombros de su padre mientras alguien nos llena de espuma y confetti.

Navidad es tristeza, es poner un nacimiento donde se ha perdido el niño.

Navidad es,,,esperar, desear, imaginar, soñar, sentir, amar, recordar, y siempre empezar de nuevo.